Revuelto de tofu con setas, trigueros y gambas veganas

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Revuelto de tofu

Una de las cosas que son más difíciles de sustituir para las personas veganas es el huevo. Y digo sustituir, pero no porque haga falta hacerlo, sino porque a quien le guste una tortilla de patatas o un revueltillo de setas, pues porqué no va a poder intentar conseguir algo parecido, ¿no? La típicas frasecitas de “¿por qué tenéis que ponerle nombre de carne a lo que no es carne?” o “eso no es queso, así que no lo llames así” me recuerdan a los incansables ortodoxos en contra del matrimonio gay, que no dejan de repetir “que lo llamen como quieran, pero no matrimonio”. Pero, por favor, de verdad, ¿tenéis la patente? ¿En qué sentido puede influir en tu vida que alguien llame a algo de la manera que quiera? ¿POR QUÉ OS MOLESTA TANTO?

De verdad, es algo que me sulfura. Pues si quiero lo llamo queso, lo llamo pollo, lo llamo hamburguesa y lo llamo gamba, punto. Y lo mismo a toda esa gente vegana que se siente ofendida si otros veganos echan de menos ciertos sabores o pretenden recuperar el añorado aroma a chorizo en sus comidas: el objetivo del veganismo es no utilizar productos animales, precisamente para no dañarlos, nada más, no consiste en odiar todos los sabores que tengan que ver con productos animales. A ver, llevamos toda una vida acostumbrando al paladar a ciertos platos y, aunque a algunas nos guste innovar, es normal que se quiera imitar algún que otro sabor que nos gustaba mucho. Yo no he tenido problemas con esto, especialmente, pero sí que me gustaban el queso y el huevo, no lo niego. Me gustaban mucho. Pero, afortunadamente, hoy en día (casi) todo tiene solución. Tenemos en el mercado una gran variedad de queso veganos, tanto de aceite de coco como de frutos secos, y cada vez salen más, mejores, más especializados y más logrados. Muy bien, me encanta. Y lo mismo pasa con embutidos y productos como las no-gambas o el no-pollo: hoy en día hay no-pollo que juro que está más jugoso que el de verdad. Para mí la mayor dificultad la tiene el huevo. He conseguido hacer tortillas que cuando están frías dan totalmente el pego, y gente que estaría muy dispuesta a la crítica me lo ha confirmado, y con nota. Lo que veo casi imposible es conseguir algo semejante a los huevos fritos, aunque los de La Dimensión Vegana han logrado acercarse bastante. No lo he probado, seguro que está buenísimo, pero dudo mucho que sea lo mismo. De todas formas, tengo que subrayar que, al menos para mí, no es ningún drama dejar de comer algo, porque, aunque desde que soy vegana he quitado de mis platos bastantes alimentos, la verdad es que he añadido muchos otros y como mucho más variado.

Y a lo que iba con todo esto; que lo de los huevos fritos está chungo, pero sí que se puede hacer un buen revuelto, y queda prácticamente igual, o eso me parece a mí. Se suele utilizar tofu firme o suave, y para darle el sabor a huevo se le añade sal negra del Himalaya (que en realidad es rosa); es una sal que tiene mucho azufre y le da ese sabor tan característico. Queda muy bueno. Además, este plato no tiene colesterol y es alto en proteínas, ¿cómo te quedas? Se puede hacer exactamente igual que un revuelto normal, le puedes añadir lo que quieras, y es muy rápido y sencillo de preparar. Os digo como:

Raciones: 1 persona

Tiempo de preparación: 10 minutos

Ingredientes:

  • 80 g de tofu firme (también sirve el suave, pero hay que cocinarlo más tiempo)
  • Un chorro de leche de soja (sin azúcar)
  • 4 espárragos trigueros finos
  • 5 setas shiitake pequeñas (o 2 o 3 grandes)
  • 4 gambas veganas (yo usé éstas)
  • 1 diente de ajo
  • AOVE
  • Sal
  • Pimienta
  • Sal negra del Himalaya
  • Cúrcuma en polvo

Receta:

  1. Presionar el tofu con un papel de cocina o un trapo para quitarle el agua.
  2. Desmigarlo con las manos en un plato y añadirle un chorrito de leche de soja, una pizca de sal (muy poquita, que luego con la del Himalaya os puede quedar muy salado) y una pizca de cúrcuma (poquito también, como la puntita de una cucharilla, para que le de color pero no sabor). Mezclar bien con las manos.
  3. Lavar y cortar los espárragos en trozos de unos dos o tres centímetros.
  4. Picar las setas en trocitos de uno o dos centímetros.
  5. Cortar las gambas en trozos de uno o dos centímetros.
  6. En una sartén, calentar una cucharada de aceite de oliva y añadir las setas. Salar muy poquito, dejar que se hagan y  se doren un poquito y reservar en un plato.
  7. En la misma sartén, dorar unos minutos las gambas y añadirlas al plato de las setas.
  8. Por último, con una cucharada de aceite, dorar los espárragos hasta que se pinchen con facilidad y estén de un verde brillante.
  9. Añadir a la sartén las gambas y las setas y triturar encima un diente de ajo.
  10. Cuando el ajo esté doradito, añadir el tofu desmigado y rehogar hasta que se cocine.
  11. Casi al final, añadir sal del Himalaya (id probando, es preferible no pasarse para que no quede muy salado) y mezclar.
  12. Servir.

Nota: Insisto mucho con lo de la sal, porque es fácil pasarse y arruinar el plato. Mejor ir probando y cogerle el punto. Las verduras las hago separadas para que cada una me quede en su punto, pero no creo que haya problema en hacerlas todas a la vez si andáis con prisa. Aparte de los ingredientes que os digo, podéis añadirle especias, como orégano, albahaca… Y también le van genial unos trocitos de tomates cherry o tomates secos.

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